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La necesidad de regulación y control en las entidades financieras está fuera de toda duda. El impacto que muchas de ellas tienen en indicadores macro de las economías local y global ha quedado demostrado en los últimos tiempos. Basilea III, MiFID, normativa MREL, BSA/AML, KYC, son sólo una pequeña muestra, las entidades financieras viven en un continuo tobogán de subida en el mundo regulatorio, el cual probablemente se ha visto incluso potenciado a raíz de la última crisis financiera y la necesidad de recuperar o potenciar la confianza de ciudadanos y entes sociales en los bancos, los cuales han tenido y tienen que hacer un esfuerzo adicional en demostrar su solvencia, capacidad, robustez y buenas prácticas.

Los esfuerzos dedicados por las entidades financieras a temas relacionados, directa o indirectamente, al cumplimiento regulatorio están en continuo crecimiento; decir que los costes asociados a cumplimiento regulatorio se han duplicado en los últimos cinco años no parece ninguna barbaridad, viéndose afectados estos costes tanto por la necesidad de incorporar más recursos humanos como a la implantación de nuevos sistemas de información expertos o a adaptaciones de los sistemas de información existentes. Las tecnologías de la información son, sin duda, el camino para poder afrontar esta creciente carga regulatoria de forma sostenible.

Algunas reflexiones se pueden realizar a este respecto cuando buscamos correlaciones entre regulación e innovación:

  • Dependiendo de la gestión presupuestaria de las diferentes entidades, la tecnología como elemento motor de la innovación puede verse afectada por la necesidad de volcar recursos en la continua adaptación de sistemas de información al cumplimiento regulatorio. Si bien la mayoría de organizaciones distinguen entre sus partidas de inversión y operación, el carácter necesario del segundo no debe penalizar el carácter estratégico del primero.   
  • Buscar soluciones soportadas en “nuevas” tecnologías a para gestionar de forma eficiente necesidades planteados por el cumplimiento regulatorio es sin duda una forma de innovación. La tecnología disponible es amplia y hablar de “nuevas” en este caso puede referirse a tecnologías, que siendo maduras y probadas, no han sido utilizadas en ese caso de uso concreto. Es en este punto dónde pueden aparecer stoppers; las regulaciones son diseñadas por profesionales que legislan, como debe ser, sin tener en cuenta ninguna consideración adicional sobre cómo las entidades pueden soportar de forma sostenible y racional el cumplimiento regulatorio; en particular, ninguna connotación referente a la tecnología existe en este sentido, en muchas ocasiones porque la regulación nace con anterioridad a la tecnología. Es este gap que es necesario cubrir, interpretar de forma eficiente si una determinada tecnología soporta un proceso regulatorio con total garantía. De otra forma, será la propia entidad la que deberá gestionar el riesgo asociado y decidir en consecuencia.

Por otra parte, bien es cierto que en lo relativo a sistemas de información y regulación, hasta ahora la mayor carga de esfuerzo ha estado volcada en los sistemas de core bancario y sistemas expertos, es decir, sistemas de back office.  Nuevas directrices regulatorias impactan así mismo en la forma en que las entidades financieras se relacionan con sus clientes (KYC es un buen ejemplo); cada vez más los sistemas digitales deben estar implicados en la forma en que se cumplen los requerimientos regulatorios, no únicamente porque cada vez más son el canal de acceso preferencial de los clientes sino porque el coste asociado es menor para los bancos.

De esta forma, es necesario considerar,

  1. una visión estratégica, holística y global sobre cómo las entidades gestionan el cumplimiento normativo es cada vez más necesaria; una visión dónde tienen que estar considerados de forma destacada los canales digitales,
  2. el mantenimiento adaptativo regulatorio de los sistemas de información financieros es algo que perdurará en el tiempo, la capacidad de diseñar sistemas de información que permitan la eficiente adaptación, en tiempo y coste, permitirá una mejor gestión de los aspectos regulatorios con un coste más apropiado.

Solvencia y observación de buenas prácticas no deben ser tan sólo periódicamente demostrados, deben ser continuamente mostrados. Es aquí donde, de nuevo, la plataforma digital debe jugar un papel fundamental; realizar un ejercicio de transparencia es necesario para recuperar la confianza perdida. Las campañas en el mundo digital ya no son sólo de venta, son un canal más, quizás el más directo, de comunicación con clientes, prospecto y la sociedad en general.

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